jueves, 16 de julio de 2015



(se pueden activar los subtítulos en español en la barra inferior derecha del vídeo)

¿Deberían los animales estar fuera del menú?

Excelente debate sobre si debemos o no comer animales, organizado por el Wheeler Centre de Melbourne (Australia), en 2012. A favor del vegetarianismo, intervienen el filósofo Peter Singer, el filántropo PhilipWollen, y la editora Veronica Ridge. En la contraparte tenemos a la profesora Fiona Chambers, al científico Bruce McGregor y al chef Adrian Richardson.

El vegetarianismo y el veganismo resuelven un montón de problemas: la deforestación, la perdida de biodiversidad, la contaminación del agua y la emisión de gases de efecto invernadero asociadas a la ganadería, así como también, el maltrato a los animales y los quebrantos de salud asociados al consumo de carne. En un mundo superpoblado, no hay que perder de vista que se pueden producir más proteínas vegetales en menos terreno y con menos consumo de recursos, que si seguimos perpetuando el actual sistema carnocentrista.

Pero, al mismo tiempo, tenemos que respetar el estilo de vida de las sociedades pastoriles tradicionales que viven en lugares áridos, donde no es posible alimentarse de las pocas hierbas que crecen; allí, el ganado transforma estas hierbas en nutrientes asimilables para el ser humano. Tampoco podemos exigirle, por ejemplo, a los esquimales que se vuelvan vegetarianos ni a los campesinos pobres, para los cuales una gallina, un cerdo o una vaca son invaluables.

En cambio, los citadinos, que tenemos a nuestra disposición una infinidad de productos vegetales ricos y equilibrados, sí que podemos reducir nuestro consumo de carne e, incluso, optar por una dieta vegetariana o vegana. 

Después de ver el debate, ¿está usted a favor o en contra del consumo de carne?

miércoles, 10 de junio de 2015




La ONU advierte que debemos limitar el calentamiento global no a 2°C sino a 1,5° C


En Esto lo cambia todo: el capitalismo contra el clima, Naomi Klein advierte que limitar el aumento de las temperaturas globales a 2° C (umbral fijado en la conferencia de Copenhague de 2009) es un objetivo irresponsable y demasiado elevado, que puede desencadenar fenómenos incontrolables como el aumento del nivel del mar, el derretimiento del Artico, la acidificación de los océanos o la degradación de la selva amazónica.

Hasta ahora, la temperatura solo ha aumentado 0,8 ° C y ya estamos viendo las consecuencias bajo la forma de desarreglos climáticos tales como sequías e inundaciones. ¿Qué nos espera cuándo las temperaturas aumenten hasta los 2° C? Está en juego nuestro aprovisionamiento de agua potable y alimentos, la biodiversidad, la estabilidad global que puede verse afectada por hambrunas, conflictos por los recursos y enfermedades emergentes.

En este sentido, La Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático hizo publico el pasado 2 de junio un informe en el que advierte que los Estados deben redefinir el objetivo a 1,5° C, pues el objetivo anterior de 2° C no representa una garantía de seguridad. Lo peor es que los gobiernos y las empresas no pretenden ni siquiera respetar ese umbral de 2° C y todo parece indicar que ya avanzamos hacia un escenario de 4° C.

Ya van 20 años de negociaciones que son una burla a la humanidad. Mientras tanto, la deforestación, la destrucción de la naturaleza, la emisión de gases de efecto invernadero, la extracción de petróleo, gas y carbón, no han hecho otra cosa que aumentar.

Ante la falta de compromiso de gobiernos y empresas, no nos queda otra salida que apoyar al movimiento de desinversión en combustibles fósiles que han lanzado The Guardian, 350.org y Naomi Klein. La única garantía de que haya un futuro para nosotros y nuestros hijos pasa por dejar el petróleo, el gas y el carbón bajo tierra.

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martes, 5 de mayo de 2015



Bancos y dinero sucio

Acabo de leer el último libro de Roberto Saviano, Cero Cero Cero, en el que aborda la estrecha relación entre los bancos y los crímenes del narcotráfico.

A pesar de que en Colombia somos aficionados a las investigaciones sobre el narco, Cero Cero Cero (Anagrama, 2014) pasó totalmente desapercibido. De Roberto Saviano tal vez se conozca mejor Gomorra (2006) libro por el cual la mafia napolitana lo condenó a muerte – y la película homónima premiada en 2008 en el festival de Cannes. 

El error de la lucha antidrogas, argumenta Saviano, consistió en pensar que el mal debía arrancarse de raíz en Colombia, cuando se trata de un problema global. Después de varias décadas de guerra “los hombres pasan, los ejércitos se desmovilizan, pero la coca permanece. Es en síntesis la historia de Colombia”.

Lejos de extinguirse, el fenómeno se ha extendido a otras latitudes. Por ejemplo a África, que Saviano califica de “continente blanco” debido a las toneladas de cocaína que circulan con dirección a Europa. Sin olvidar la emergencia de los carteles mexicanos. Pues con la cocaína sucedió lo que ocurre con cualquier otra mercancía: que el distribuidor se volvió más poderoso que el productor.

Y el problema va aún más lejos. Saviano retoma un dato publicado por Alejandro Gaviria y Daniel Mejia en Políticas antidroga en Colombia: éxitos, fracasos y extravíos. A saber, que el 97,4 % de los ingresos del narcotráfico es lavado en los bancos de EEE. UU. y Europa.

La severidad que se le ha impuesto a Colombia en materia antidroga, contrasta con la tolerancia hacia los paraísos fiscales y la desregulación de los sistemas económicos y financieros en los países desarrollados.

Y como la mafia no se ve afectada por la crisis económica, su flujo de capitales se ha convertido en un pilar fundamental de la economía mundial en estos tiempos de recesión. En este sentido, Antonio María Costa, director de la Oficina de Naciones Unidas para la Droga y el Delito entre 2002 y 2010, denunció que durante el colapso de 2008 el dinero del narcotráfico le permitió a muchos bancos mantenerse a flote. 

De allí, tal vez, la poca severidad con que se castiga el lavado de dinero. Por ejemplo, el banco estadounidense Wachovia implicado en el blanqueó de 378 mil millones de dólares de los carteles mexicanos, resolvió sus problemas con la justicia a cambio de solamente 160 millones de dólares. Y nadie fue a prisión. Por su parte, el banco británico HSBC blanqueó 7 mil millones de dólares y apenas pagó una multa de 1,9 mil millones de dólares. Es decir: menos de un tercio del dinero sucio.

Son innumerables los bancos que se han beneficiado de la cornucopia del narcotráfico. El fenómeno es de tal amplitud que ha salpicado incluso al Vaticano. No se trata de un fenómeno marginal focalizado en algunos paraísos fiscales como las islas Caimán, sino que se extiende a los mismos centros del poder financiero mundial. Al punto que Saviano afirma que en este momento Wall Street, en Nueva York, y la City de Londres son los dos grandes lavadores del dinero.


La economía capitalista es adicta a la cocaína. Hay que desintoxicarla o legalizar la droga. Pues difícilmente podremos ganarle la guerra al narcotráfico (de nada valdrá que sigamos matándonos, atiborrando las prisiones y gastando el presupuesto en armamento) mientras haya complacencia con el dinero sucio en Estados Unidos y Europa.

jueves, 29 de enero de 2015



El hombre que plantaba árboles

Recomiendo la lectura de El hombre que plantaba árboles (1953) del escritor francés Jean Giono. Quienes no tengan acceso al libro pueden ver arriba el cortometraje homónimo de Frédéric Back,  premio Óscar a la mejor animación en 1987.

Este clásico de la literatura ecologista cuenta la historia de un pastor que se dedica a sembrar cada día cien semillas, sin preocuparse por quién es el propietario de la tierra. Al cabo de los años, logra crear un bosque de grandes proporciones que es declarado reserva forestal por las autoridades. También, vuelve el agua a la región, el viento merma su fuerza y se detiene la aridez de los campos, beneficiando a los pobladores locales. 

La lección más importante del cuento de Giono es la importancia de la acción individual. Eso es cierto tanto para mal (por ejemplo, en el caso de los delincuentes o de los terroristas llamados "lobos solitarios"), como para bien, cuando una buena obra irradia sobre el conjunto de la sociedad. Así, Wikipedia señala que la lectura de esta historia de ficción ha motivado muchas operaciones de reforestación alrededor del mundo. Es el caso de Abdul Kareem en la India; de Wangari Maathai en Kenia; de Donald Leigh Chapple en Nueva Zelanda o de Marthinus Daneel en Zimbabue. 

Al respecto, dice Peter Singer : “Frecuentemente, pensamos que una sola persona no puede cambiar el futuro de los niños, de los seres humanos o de los animales en peligro. Entonces, preferimos quedarnos cruzados de brazos. Pero ese sentimiento de impotencia es una ilusión, una trampa que nos tiende nuestra psiquis, y hay que ser consciente de ello. Todos aquellos que se han vuelto vegetarianos o veganos, que han militado por la liberación animal o consagrado un poco de sus medios para intentar reducir la pobreza sobre la tierra, han participado en la mejora del mundo, el cual es hoy, gracias a ellos, diferente y menos cruel que si no hubieran hecho nada” (Les animaux aussi ont des droits. París : Seuil, 2013, p. 85).

Vea también en este blog: "Todos podemos plantar un bosque".